Compartir
Jun 18, 2018Noticias

¡FELIZ ANIVERSARIO LIGA!

Liga Deportiva Alajuelense es la institución deportiva de mayor trayectoria en el área, este lunes cumplió 99 años de historia.

Una historia que nació en Alajuela y se propagó por todo un país y fuera de nuestras fronteras.

Pasión que arrancó el 18 de junio de 1919 en el Salón París. El texto escrito por el historiador Pastor Pacheco, explica los inicios de el equipo de su gente.

La fundación

El 18 de junio de 1919, siete integrantes del Once de abril se reúnen en el Salón París, costado oeste del Parque Central, para discutir sobre la necesidad de crear un cuadro que represente a la provincia. Hay muchos equipos, pero ninguno se identifica plenamente con la comunidad.

Es el momento de hacer historia. Según Armando Mórux, el nombre de Liga Deportiva Alajuelense es idea de Tito Livio Solera y Francisco Rosich Bou. La propuesta cuenta de inmediato con el apoyo de Luis Castaing Castro, Francisco Rímola Di Biasso, Bartolo Rosabal Segura, Jorge Oreamuno Calderón y Jorge Luis Solera Oreamuno. Dado el entusiasmo que genera la noticia, muchos otros alajuelenses se agrupan para constituirse como socios fundadores.

El 18 de junio de 1919, siete integrantes del Once de abril asisten al Salón París para crear un EQUIPO que represente a la provincia. Sin pretenderlo, están a punto de hacer historia.

Mientras en San José, el Club Sport La Libertad y la Sociedad Gimnástica Española ya disfrutaban de una sede y de diversas divisiones que le permiten organizar campeonatos internos en las canchas que tienen asignadas en La Sabana, los miembros de Liga Deportiva Alajuelense ni siquiera cuentan con un lugar fijo para reunirse. No hay recursos, pero en entusiasmo nadie les gana.

El primer partido del nuevo club tiene lugar el 2 de agosto de 1919 en Cartago frente al Atlético Cartaginés. Victoria por 3-1. Participan en aquella histórica fecha Luis Castaing Castro, Alberto Porras Benavídez, Jorge Luis Solera Oreamuno, Carlos Bastos, Francisco Rímola, Tito Livio Solera, Homer “Nais” Martínez, Claudio “Tuto” Alfaro, Francisco Luna, Heriberto Chavarría, Víctor Chavarría, Alberto Hütt Chaverri, Manuel Ángel Ortíz, Héctor González, Abel Gutiérrez, Víctor Ocampo, Virgilio Chaverri Ugalde y Roberto Figueredo Lara, quien funge como capitán.

La Liga en los años 40

Nadie juega una posición determinada; es un asunto de prioridades. Los más hábiles son volantes y delanteros, los más fuertes defienden y el menos hábil, pero también el más valiente, se pone debajo de los tres palos blancos.

El juez viste de traje entero y las discusiones por una falta o un gol se resuelven muchas veces a golpes. Son los tiempos épicos de nuestro fútbol, en que los partidos se acuerdan por correo postal y los desplazamientos son verdaderas odiseas, como explicaba don Jorge Luis Solera a Armando Mórux: “No había carreteras, sólo caminos de tierra, polvo en verano y barro en invierno.

Para ir a Grecia había que meterse dentro de los potreros, jugar el partido, tomarse un granizado de a cinco y regresar debajo del sol o de un furioso aguacero”.

Copa del primer título de La Liga obtenido en 1928

Otra forma de transporte, continúa Solera, era a caballo. “En Alajuela había tres caballerizas: las de don Ramón Aguilar, don Teófilo Chavarría y Lisandro Murillo; ésta última era la más barata.

Nos cobraba tres colones por ida y vuelta a Grecia y desde luego era nuestro preferido”. La situación era tan difícil que a cada caballo le correspondían dos jinetes. Uno lo cabalgaba de Alajuela a Tacares y el otro hasta Grecia. Había que caminar mucho, pero nadie se quejaba por la ilusión de jugar.

Cuando toca jugar un encuentro amistoso en San José, se van escondidos en algún vagón del tren gracias a la complicidad de don Juan Martínez, conductor de la Northem Railway para las rutas San José, Heredia y San José. Apasionado del fútbol, hace lo que sea necesario para colaborar con los muchachos.

Es tal el pundonor de estos jugadores que algunos ni siquiera concilian el sueño cuando pierden un partido. El caso más dramático es el de Alberto Porras, quien se regresaba a pie hasta Alajuela cada vez que la Liga caía en un amistoso.

Texto: Pastor Pacheco