CHARLA DE FÚTBOL CON EL DT MANUDO, ISMAEL RESCALVO

Fue el 13 de mayo, 58 días atrás, que Ismael Rescalvo puso pie en el país para asumir la dirección técnica de la Liga. Un día después ya fue oficialmente presentado como el nuevo DT manudo y quedó debidamente instalado en el Centro de Alto Rendimiento, donde lleva casi dos meses viviendo, empapándose del día a día en el CAR y, por supuesto, preparando al equipo para la competencia con una pretemporada con la exigencia a tope.

Además del intenso calor de Siquiares, cada entrenamiento, que de acuerdo al calendario pueden ser de doble turno, han hecho de este periodo un espacio clave para fortalecer toda la parte física del equipo, además de comenzar a aceitar la idea de juego que él y su cuerpo técnico busca plasmar en cancha.

Y, hablando del juego, el ‘profe’ compartió unos (largos) minutos con el Departamento de Comunicación del club, para desmenuzar no solo la actualidad del equipo, sino también para profundizar en su forma de ver el fútbol, su selección, sus experiencias pasadas y en qué momento lo encuentra este desafío en el banquillo rojinegro.

Aprovechando la actualidad y para entrar en calor, fue imposible no comenzar consultándole sobre España en la Copa del Mundo y qué análisis hace de su selección, como también un primer espejo de cómo él entiende el fútbol y los procesos.

Veo a España llegando a los momentos decisivos del torneo con una línea ascendente y una evolución importante en su juego. Espero que pueda superar a Bélgica y alcanzar las semifinales para disputar esa final anticipada que muchos imaginan frente a Francia, aunque primero hay que ir paso a paso. He visto una mejora muy significativa del equipo durante la competición y creo que ha crecido como colectivo.

España mantiene una identidad muy reconocible, a pesar de que han pasado muchos años desde aquella generación que marcó una época. Siguen apareciendo futbolistas con ese perfil talentoso, creativo y con una gran capacidad técnica. Además, cuentan con una selección joven que viene trabajando desde hace muchos años en categorías inferiores, con un seleccionador que conoce perfectamente a la mayoría de los jugadores porque los ha dirigido desde la Sub-17, Sub-19 y Sub-21. Esa continuidad es una ventaja muy importante”, expresó el técnico manudo.

Y agregó: “Me gusta que la federación mantenga una identidad clara y apueste por un perfil de futbolista que sostenga ese estilo de juego elaborado, combinativo y dominante. Es un equipo que pretende llevar la iniciativa desde el balón y desde la ocupación de los espacios, y esa ha sido históricamente la esencia del fútbol español. Siempre me he sentido identificado con esa forma de entender el juego, que tantos éxitos le dio a España durante los últimos 25 o 30 años. Ojalá esta nueva generación pueda volver a darle muchas alegrías al país”.

Rescalvo comenzó su etapa como entrenador muy joven, a los 32 años, aterrizando en el fútbol colombiano para asumir con Envigado. Una carrera que, hasta el momento, lo ha hecho tener un importante poder de adaptación, considerando la diferencia entre la cultura española con la latinoamericana, y cómo es cada idiosincrasia social y futbolística en los distintos países que dirigió. Y en ese manual que tiene cada entrenador en su busca por el éxito, allí también aparecen referentes que lo han guiado para crear su propia formula.

Mi paso por el fútbol colombiano me enseñó muchísimo porque fue el primer país al que llegué después de salir de Europa. Allí entendí la idiosincrasia del futbolista latino, su forma de pensar, su cultura y su personalidad. Esa experiencia me permitió comprender al jugador desde un ángulo mucho más humano. No diría que existan más problemas que en otros lugares, sino simplemente una forma distinta de vivir, con costumbres y maneras de entender el fútbol diferentes a las europeas.

El fútbol siempre termina siendo un reflejo de la sociedad. Cuando llegué a Envigado tenía apenas 32 años y me tocó adaptarme rápidamente a un contexto completamente nuevo para mí. Aprendí muchísimo desde el aspecto cultural y eso me hizo crecer como entrenador y como persona. Más adelante, cuando dirigí en otros países latinoamericanos, esa experiencia previa me permitió adaptarme mucho más rápido.

La capacidad de adaptación es fundamental para cualquier entrenador que llega desde otro país. Hay que comprender las costumbres, la alimentación, las formas de relacionarse, la cultura y hasta la manera de jugar. Si uno no logra adaptarse al contexto, resulta muy difícil mantenerse y desarrollar un proyecto exitoso.

Siempre he tenido entrenadores que me marcaron y con los que me identifico por la manera en que transmitieron sus ideas. También disfruto mucho analizando equipos con estilos completamente distintos al mío, porque de todos se puede aprender algo. Uno de los primeros técnicos que me impactó fue Rafa Benítez en el Valencia, un equipo que logró competir y ser campeón de Liga enfrentándose a un Real Madrid y un Barcelona prácticamente intratables. Aquella generación, con futbolistas como Pellegrino, Ayala, Aimar, Vicente, Rufete o Baraja, combinaba perfectamente el carácter competitivo con una fuerte identidad de club.

No era un equipo especialmente vistoso ni dominaba siempre desde la posesión, pero competía de una manera extraordinaria. Sabía cuándo tener el balón para hacer daño, defendía muy bien en bloque, salía con velocidad al contraataque y aprovechaba el balón parado para abrir partidos. Ese modelo me marcó muchísimo al comienzo de mi carrera.

Posteriormente llegó el Barcelona de Pep Guardiola, que revolucionó el fútbol con una transformación muy profunda de la plantilla. Tomar decisiones como las salidas de Ronaldinho, Deco y otros referentes para construir un nuevo proyecto basado en una idea de juego fue algo admirable. Ese fútbol dominante, valiente, protagonista, instalado en campo contrario y con vocación ofensiva representa la forma en la que yo entiendo este deporte y cómo me gusta que jueguen mis equipos.

Al mismo tiempo, también he aprendido muchísimo de entrenadores con perfiles diferentes. Simeone me ha enseñado aspectos muy importantes de la organización defensiva y de cómo competir cada partido. Unai Emery, a quien conocí durante su etapa en Valencia, es probablemente el entrenador que más rendimiento individual consigue sacar de sus futbolistas. Tiene una capacidad extraordinaria para conectar con cada jugador, potenciar sus virtudes y ponerlas siempre al servicio del colectivo.

En definitiva, Guardiola es probablemente mi mayor referente por la manera en que juegan sus equipos y por la identificación que tengo con esa filosofía. Sin embargo, también intento incorporar enseñanzas de Rafa Benítez, Unai Emery y Diego Simeone. Creo que el fútbol es un juego cíclico donde todas las fases están conectadas: hay que saber atacar, defender, gestionar las transiciones y dominar el balón parado. Mi intención siempre ha sido tomar lo mejor de cada uno para construir mi propia identidad como entrenador”.

Siempre profundizando en su visión del fútbol y la aceptación implícita que debe existir para entender que es un juego de incontables imponderables, ¿la periodización táctica y la mecánica de lo trabajado sí prevalece en el juego? ¿O no? Acaso ahí está la adaptación que también le toca al jugador cuando el plan de juego se ve totalmente condicionado por esos imponderables que aparecen desde el primer segundo de un partido.

“El fútbol es un deporte impredecible y enormemente complejo. Ninguna jugada es igual a otra y siempre existen variables que escapan completamente al control del entrenador. Por eso considero fundamental que el equipo tenga una identidad muy trabajada, que comprenda una forma de jugar y que sea capaz de mecanizar determinados comportamientos colectivos. Todo eso se entrena, se transmite y el jugador termina asimilándolo.

Sin embargo, durante un partido pueden suceder infinidad de situaciones inesperadas: una expulsión en los primeros minutos, un rival que te supera en determinados momentos o cualquier circunstancia que cambie completamente el desarrollo del encuentro. Ahí aparece la verdadera capacidad competitiva de un equipo. Cuando las cosas no salen como fueron planificadas, el futbolista debe saber adaptarse y seguir compitiendo.

Nuestro objetivo es que el equipo pueda dominar cuando tiene las condiciones para hacerlo, pero también que sepa sobrevivir cuando el contexto es adverso. Lo importante es mantener siempre una mentalidad valiente, personalidad para afrontar cualquier escenario y la convicción de salir a ganar cada partido. Esa es la idea que intentamos transmitir todos los días”.

Luego de su paso por Colombia, donde también dirigió al DIM, Rescalvo recaló en Ecuador, donde, además de dirigir históricos equipos como Emelec y Barcelona, de importante tradición no solo del fútbol ecuatoriano, sino también sudamericano, Ismael asumió la dirección técnica de Independiente del Valle, club emergente y formador, que también le ha permitido sobresalir a nivel continental con participaciones históricas en Copa Libertadores, además de conquistar la Sudamericana del 2019. En ese sentido, aquel fue un equipo que, acaso con ciertas similitudes a LDA, le ayudó a seguir creciendo como DT.

Mi llegada a Independiente del Valle representó un cambio muy profundo en mi manera de entender el fútbol. Fue un club que transformó mi mirada sobre el juego y donde aprendí muchísimo. Me encontré una institución completamente distinta a todo lo que había conocido anteriormente en Sudamérica, tanto por su organización como por sus instalaciones y su estructura de trabajo. Era un club con estándares muy cercanos a los europeos, algo que también encuentro hoy en Liga Deportiva Alajuelense.

Disponer de esa estructura me permitió desarrollar mejor mi trabajo. Independiente del Valle apuesta fuertemente por la formación, con entrenadores de gran nivel y un proyecto educativo muy sólido. Además, me impresionó enormemente su capacidad de captar jóvenes talentos de todo el país desde edades muy tempranas.

Muchos de esos chicos llegaban con doce o trece años después de haber crecido jugando descalzos en sus pueblos y en la calle. Poseían unas condiciones físicas extraordinarias y una creatividad que habían desarrollado de manera natural. Luego el club complementaba ese talento con formación técnica, táctica, educativa y personal, construyendo futbolistas muy completos. Esa experiencia marcó una parte muy importante de mi crecimiento como entrenador.

Tuve la fortuna de vivir una transición generacional muy especial. Debutamos a seis o siete futbolistas que hoy forman parte de la selección absoluta de Ecuador, varios de ellos como titulares. También coincidí con jugadores que todavía eran muy jóvenes, como Moisés Caicedo, Piero Hincapié y William Pacho, quienes comenzaban a dar sus primeros pasos.

Verlos con dieciséis o diecisiete años, llenos de ilusión y soñando con llegar lejos, y años después encontrarlos jugando en Europa, disputando Mundiales o incluso siendo campeones de la Champions League, confirma que los procesos bien trabajados terminan dando resultados. Cuando existe una misión clara y una verdadera apuesta por la formación, tarde o temprano los frutos aparecen.

Naturalmente siento un enorme orgullo al verlos triunfar. Haber compartido una etapa de su crecimiento, haber podido dirigir a algunos de ellos y aportar algo a su desarrollo profesional siempre genera satisfacción. Sin embargo, lo que más me llena es comprobar que, después de tantos años, el vínculo humano permanece intacto.

Recuerdo, por ejemplo, haberme encontrado con Moisés Caicedo en el aeropuerto de Bogotá después de mucho tiempo. Él venía de jugar con el Chelsea para concentrarse con su selección. Lo más bonito fue poder abrazarnos, conversar nuevamente y sentir el mismo cariño de siempre. Ese tipo de reencuentros representa, para mí, el mayor legado que puede dejar un entrenador”.

Mucho se habla de la formación de jóvenes y, en esa búsqueda de, además de ganar, darle millaje a los que vienen de abajo. Y, en ese sentido, el técnico manudo fue claro con el tacto que exige esa responsabilidad específica dentro de un plantel profesional: “La formación de jóvenes siempre debe entenderse como un proceso de largo plazo. Muchas veces se pone como ejemplo a academias extraordinarias como las del Ajax o el Barcelona, que saacn camadas que aparecen cada varias décadas y, además, son clubes que captan talento prácticamente de todo el mundo. Reproducir algo así no es sencillo y requiere mucho tiempo.

«Nuestra verdadera responsabilidad consiste en formar personas antes que futbolistas. Hay una frase que me marcó profundamente cuando visité el FC Barcelona: allí nos dijeron que trabajaban para preparar a jugadores que probablemente nunca serían futbolistas profesionales. Esa visión me hizo reflexionar mucho, porque el objetivo principal es formar seres humanos capaces de aportar a la sociedad, aunque solo unos pocos lleguen al máximo nivel.

Después, aquellos que posean el talento necesario y demuestren estar preparados tendrán su oportunidad. En nuestro caso ya contamos con varios jugadores de categorías Sub-17, Sub-19 y Sub-21 entrenando habitualmente con el primer equipo. Para mí la edad pasa a un segundo plano. Si un futbolista demuestra que está listo para competir, tendrá posibilidades reales de jugar.

Eso sí: el desarrollo no depende únicamente de las condiciones físicas, técnicas o tácticas. También existe un componente emocional que resulta determinante. Un joven debe estar preparado para afrontar la presión que implica jugar en un club como Liga Deportiva Alajuelense, donde ganar siempre es una obligación y donde un error puede provocar críticas inmediatas. Nuestra responsabilidad como cuerpo técnico consiste precisamente en ayudarlos a desarrollar esa fortaleza mental para que puedan sostenerse en el alto rendimiento”.

En ese manual de cada DT, Ismael fue claro sobre su valoración de la psicología como herramienta para hacerle frente a los distintos conflictos que exige lo futbolístico y lo extra futbolístico. Algo que él y su cuerpo técnico entienden como algo infaltable dentro del apoyo que necesita el jugador para rendir al más alto nivel.

“El aspecto psicológico es absolutamente fundamental. Muchas veces hablamos de futbolistas y olvidamos que, antes que nada, son personas. Son seres humanos que tienen los mismos problemas, preocupaciones, emociones y dificultades que cualquier otra persona, aunque muchas veces el entorno no lo tenga en cuenta. La gente únicamente quiere que su equipo gane, juegue bien y consiga resultados, pero detrás de cada jugador existe una realidad personal que también influye en su rendimiento.

He vivido situaciones en las que un futbolista con enormes condiciones no estaba preparado emocionalmente para competir. En esos momentos puede salir al campo sin estar verdaderamente conectado con el partido, con la cabeza en otro lugar, y eso inevitablemente termina afectando su desempeño. Nuestra responsabilidad es identificar esas situaciones y acompañarlos. Un entrenador no puede limitarse únicamente a observar el rendimiento deportivo; también debe comprender el momento personal que atraviesa cada jugador.

Preparar psicológicamente al futbolista para soportar la presión resulta indispensable, especialmente en un club como Liga Deportiva Alajuelense, donde la exigencia es permanente y ganar constituye una obligación. Hay que ayudarlos a convivir con esa responsabilidad, fortalecer su mentalidad y brindarles herramientas para afrontar tanto los momentos buenos como los difíciles. Esa preparación termina siendo tan importante como cualquier aspecto técnico, táctico o físico”.

Un desafío importante que actualmente padece la industria del fútbol es cómo las nuevas camadas los seduce más la idea de quedarse frente a alguna pantalla que salir a jugar al parque, la plaza o a la misma calle. El famoso potrero. Una etapa fundamental para eventualmente transformar todo ese talento a través de estructura, logrando personas mucho más preparadas para la vida, ya sea dentro o fuera de una cancha, pero siempre a través del fútbol. Ese primer escalón de la vida del futbolista por supuesto le merece una opinión al entrenador manudo:

“El fútbol ha ido perdiendo algo muy importante: la calle. Cada vez existen menos espacios para jugar libremente y eso afecta el desarrollo natural del futbolista. Las academias cumplen un papel fundamental porque enseñan conceptos y organizan la formación, pero una cosa es aprender a jugar con el balón y otra muy distinta es aprender a jugar al fútbol.

Muchas veces veo entrenadores explicando conceptos tácticos muy complejos a niños de seis, ocho o diez años, cuando considero que en esas edades lo más importante es desarrollar la técnica, la creatividad, la habilidad y la capacidad de improvisación. El niño necesita jugar libremente, sin tantas reglas, descubrir soluciones por sí mismo y estimular sus capacidades motrices y cognitivas desde el juego espontáneo. Ahí es donde realmente comienza a formarse el talento.

Más adelante, cuando el futbolista alcanza edades mayores, las academias sí deben incorporar conceptos tácticos, contenidos específicos y una formación más estructurada. En ese momento el jugador ya empieza a moldearse desde una perspectiva integral. Sin embargo, esa base creativa que nace en la calle sigue siendo insustituible.

En el mundo esa realidad se ha perdido mucho más. Cada vez existen menos parques, menos canchas y menos espacios donde los niños puedan jugar libremente. A eso se suma un mundo cada vez más digital, donde la tecnología desvía la atención de los jóvenes hacia las pantallas y los aleja del deporte. Hace poco escuchaba al presidente de la Organización Mundial de la Salud señalar que la obesidad infantil ha aumentado cerca de un 40 % en los últimos quince años, precisamente porque los niños ya no practican la actividad física que antes era parte natural de su vida cotidiana”, explicó Rescalvo.


Y en la continuidad de sus experiencias como entrenador, y cómo lo ha atravesado positivamente quedar inmerso en la pasión y en la forma en que el latino, y sobretodo el sudamericano, vive el fútbol, Rescalvo también resaltó el desafío que le significó convertirse en el técnico español que más ha dirigido en la historia de la Copa Libertadores.

Un torneo que no es casualidad el suculento premio que recibe el campeón: la paridad y la obsesión que genera conquistarla, sobretodo de los clubes más hegemónicos de la región, que hacen de este certamen un torneo muy especial y de altísima competitividad, donde más que fútbol champagne, es una verdadera guerra deportiva de lucha, sacrificio y presión (dentro y fuera de la cancha).


La Copa Libertadores ocupa un lugar muy especial dentro de mi carrera. Tuve la fortuna de disputar varias ediciones y vivir numerosas series de eliminación directa frente a algunos de los equipos más poderosos del continente, como Flamengo, Palmeiras, Atlético Mineiro, River Plate, Fluminense o Cruzeiro. Son experiencias que marcan profundamente porque la exigencia deportiva y emocional alcanza un nivel extraordinario.

Lo que hace única a la Copa Libertadores no es solamente la calidad de los rivales, sino todo el contexto que rodea la competición. Los viajes suelen durar ocho, nueve o incluso diez horas, muchas veces con escalas, y en ocasiones ni siquiera es posible regresar inmediatamente después del partido. A eso se suman factores como la altura, la humedad, los distintos climas y la intensidad con la que se vive el fútbol en cada estadio sudamericano. Todo ello convierte cada encuentro en un desafío completamente diferente.

Recuerdo especialmente una serie de octavos de final frente a Atlético Mineiro en el Mineirão, con cerca de setenta mil personas en las tribunas. Habíamos empatado el partido de ida y estuvimos muy cerca de definir la clasificación por penales, pero una mano sancionada como penal en los minutos finales terminó eliminándonos. También guardo un recuerdo muy fuerte de la serie frente a Flamengo en 2019. Ganamos 2-0 el primer partido en Guayaquil y luego fuimos al Maracaná, donde más de diez mil aficionados ingresaron por encima del aforo permitido y el ambiente parecía hacer temblar el estadio.

Perdimos ese encuentro por el mismo marcador y la clasificación se definió desde el punto penal. Aunque finalmente quedamos eliminados, competir de igual a igual contra clubes con presupuestos quince o veinte veces superiores al nuestro fue una enorme satisfacción. Esos partidos demuestran que el fútbol no siempre depende exclusivamente de los recursos económicos, sino también de la organización, la convicción y la capacidad competitiva de un equipo.

Toda esa experiencia acumulada en Latinoamérica ha sido muy enriquecedora para mí. Culturalmente encuentro muchas similitudes entre Costa Rica y Colombia. La gente es cercana, alegre, servicial y transmite una calidez que facilita mucho la adaptación. Incluso la gastronomía y algunas costumbres guardan bastantes semejanzas”.

Y, en esta cronología, llegamos a la actualidad en LDA, donde el DT español y de origen valenciano, reconoce cómo el club lo ha impresionado no solo por las condiciones y el profesionalismo que se busca tener en todas las áreas para buscar competir en lo más alto, y, fundamentalmente, lo que encontró puertas adentro del camerino del tricampeón centroamericano. Donde, en esa intimidad, resulta relevante desmenuzar qué mirada tiene sobre el liderazgo y los líderes que actualmente tiene el plantel.


“Me he llevado una gran impresión del grupo que encontré en Liga Deportiva Alajuelense, especialmente del grupo de capitanes. Existe mucha experiencia, una trayectoria importante y un respeto que se percibe en el día a día, aspectos fundamentales para sostener un camerino competitivo. También hay capitanes jóvenes que, pese a su edad, ya acumulan un recorrido importante dentro del club y del fútbol costarricense. Contar con líderes que puedan ayudar a gestionar el grupo facilita muchísimo el trabajo del cuerpo técnico.

Siempre me ha gustado delegar responsabilidades. Evidentemente, como entrenador soy quien debe tomar las decisiones finales y asumir esa responsabilidad, pero considero que un equipo funciona mejor cuando todos participan en la construcción del día a día. Los capitanes cumplen un papel clave porque son el puente entre el cuerpo técnico y el plantel, ayudan a transmitir mensajes, mantienen la armonía del grupo y fortalecen el compromiso colectivo. Para mí resulta muy importante involucrarlos en esa gestión diaria.

He encontrado referentes muy valiosos dentro del plantel. Futbolistas como Celso Borges, Washington Ortega, Alexis Gamboa, Aarón Salazar y Ronald Matarrita. aportan liderazgo desde distintos lugares. También Santiago van der Putten, que más allá de su edad o de llevar la cinta de capitán, ejercen una influencia muy positiva dentro del grupo. Muchas veces el liderazgo no depende únicamente de quién porta el brazalete, sino de aquellos futbolistas que, por su comportamiento y personalidad, terminan marcando el camino para sus compañeros.

Cada jugador cumple un rol diferente dentro del vestuario y todos tienen algo importante que aportar. Lo esencial es que el grupo mantenga una buena convivencia, un ambiente sano y una dirección común. Cuando existe armonía y todos entienden que el objetivo colectivo está por encima de cualquier interés individual, el equipo crece mucho más rápido. Esa es una de las bases que intentamos fortalecer desde nuestra llegada”.

¿Ha salido del CAR? ¿Qué le dice la gente en la calle? “En estas primeras semanas hemos estado completamente enfocados en el trabajo. Llegamos hace poco al país y hemos querido aprovechar cada día para conocer al grupo, desarrollar nuestra metodología y construir una identidad de juego. Actualmente vivimos en el Centro de Alto Rendimiento, lo que nos permite dedicar prácticamente todo nuestro tiempo al equipo y tener las condiciones ideales para trabajar.

Todavía he tenido pocas oportunidades para recorrer el país, aunque de vez en cuando salgo a tomar un café o a caminar junto al cuerpo técnico. Poco a poco la gente comienza a reconocerme y ya se percibe que se acerca el inicio de la competencia. Los aficionados se acercan con mucho respeto y el mensaje siempre es el mismo: hay que ganar. Esa ilusión y esa expectativa son completamente normales en un club de la dimensión de Liga Deportiva Alajuelense.

Esa exigencia también representa una enorme motivación para nosotros. Queremos que el equipo refleje en la cancha la misma ilusión que transmite la afición en la calle. Nuestro compromiso es trabajar cada día para que los aficionados se sientan identificados con la manera en que juega su equipo y puedan disfrutar viéndolo competir. Ojalá podamos recompensar ese apoyo con victorias, títulos y un fútbol que genere orgullo en toda la familia liguista”.

Este domingo, a las 5:00 pm, el debut manudo de semestre, para disputar la Supercopa ante Herediano, en un duelo por una nueva copa. El día de la primera prueba para esta nueva Liga encabezada por Ismael Rescalvo.